Un siglo de solemnidad villera

6/06/2013

Un manuscrito del ilustre villero Francisco Miranda, incluido en el folleto del programa oficial de las fiestas mayores de La Orotava de este 2013, desvela que en mayo de 1913, y gracias a la iniciativa del propio Miranda, la procesión del Corpus Christi entró por primera vez en la plaza del Ayuntamiento, en aquella fecha denominada plaza Alfonso XIII, en honor al rey de España. Lo que hoy vemos como el momento sublime e imprescindible en el día grande de la celebración en honor al Santísimo, hasta entonces ni se había concebido siquiera.

En una carta dirigida a sus hijos, Francisco Miranda explica cómo nació lo que es ya una tradición centenaria: “La idea me obsesionó con tanta insistencia que acabé por echarla fuera de mí. Muchas personas -cuenta en su misiva- la acogieron con gran entusiasmo, pero otras la consideraron como una locura, ya que las andas no podían subir allí, porque del arroyo a la acera había un escalón muy alto y después debía salvar una escalinata. Hubo quien dijo que de lo sublime a lo ridículo no había sino un paso”. Ante esta polémica suscitada, Francisco Miranda se dirigió al párroco de entonces, don Inocencio García Feo -cuyo nombre figura actualmente en la calle de la iglesia de la Concepción- y le transmitió su novedosa idea. El cura villero le respaldó expresándole incluso que estaba “emocionado al imaginar el grandioso espectáculo de aquel momento…”.

Tomás Calamita y MantecaTomás Calamita y Manteca. | DA

Los periódicos de 1913 corroboran que la iniciativa fue de Francisco Miranda, como también lo fue la de reunir una “masa coral” para cantar el Tantum ergo en la misma plaza. El diario republicano La Prensa recoge en su edición del sábado 31 de mayo (después de la celebración de la Octava del Corpus) que el público había quedado sorprendido de la magnificencia del acto: “El señor Calamita, director del coro, y el iniciador y organizador, señor Miranda, recibieron calurosísimas felicitaciones. El acto dejará recuerdo imperecedero en esta Villa”. Y así ha sido. La Gaceta de Tenerife, diario católico, publicó una referencia al promotor “aplaudiendo feliz iniciativa entusiasta organizador incansable católico Francisco Miranda”.

Historia revisada
En este 2013 se cumplen, por tanto, cien años de la primera vez que la procesión del Corpus Christi entró en la recién pavimentada plaza del Ayuntamiento orotavense. Ocurrió el 29 de mayo de 1913. Así lo recogen también las actas de la Hermandad del Santísimo. Historiadores locales, como Pedro H. Murillo, precisan que fue en 1919 cuando por primera vez la plaza del Ayuntamiento se alfombró con el tapiz de arenas del Teide en honor a la procesión del Corpus, realizado por Felipe Machado. Estos hechos pasan hoy desapercibidos en medio de la monumentalidad de semejante acontecimiento religioso y artístico. No se recuerda ni se aprecia que la idea de llevar la procesión hasta la plaza mayor fuera tachada de “alocada” sugerencia. Hace cien años, cuando Francisco Miranda planteó su osada idea, no fue visto con buenos ojos por todos e, incluso, tuvo que “tocar varias puertas” para que su propuesta se hiciera una realidad. Hoy es impensable concebir la magna procesión del Corpus Christi villero sin el momento solemne y apoteósico de la entrada en la plaza mayor alfombrada. Son esas cosas curiosas que marcan la historia.

Además del recorrido de las andas del Corpus por la plaza, Francisco Miranda, movido por su afición artística, tuvo la idea de realzar la solemnidad del momento con un acompañamiento musical de excepción: reunió un coro de doscientas voces, entre niños y adultos, para junto a la Banda Municipal de Música interpretar el Tantum ergo justo en el momento de la llegada de la magna procesión a la plaza consistorial. El resultado fue espectacular. El corresponsal de La Prensa lo calificó de un efecto “indescriptible y soberbio”. “El público quedó sorprendido de la magnificencia del acto”, nunca visto en Canarias. La Gaceta de Tenerife lo resaltó también como un “acto soberbio, grandioso que produjo indescriptible efecto”, elogiando a su vez la labor del maestro Tomás Calamita, director de la Banda Municipal, y aplaudiendo la feliz iniciativa del entusiasta organizador Francisco Miranda.

Francisco Miranda PerdigónFrancisco Miranda Perdigón. / DA

“Algo extraordinario”
Miranda describe en su carta que movilizó a numerosas personas, así como niños y niñas de las escuelas públicas y colegios particulares. Encargó gran número de copias del himno eucarístico con la parte de canto y piano. Y llevó a cabo varios ensayos en el teatro y las casas donde había piano. “Algo extraordinario”, sentencia el promotor. “Alguien dijo que las voces de tantos niños formarían una insoportable grillera, pero yo sostuve que las voces infantiles y las de las mujeres se unirían perfectamente en un verdadero empaste”, asevera en su escrito.

Francisco Miranda, quien además de tenor fue el fundador de la histórica Librería Miranda, describe con elocuencia el momento, en medio de la mayor expectación: “La entrada de la procesión en la plaza fue perfecta, quedando sorprendidos los derrotistas al ver lo fácil que había sido lo que ellos creían poco menos que imposible. Miles de personas invadían las calles adyacentes de la Carrera, Tomás Pérez y Nicolás de Ponte, así como el pasillo exterior, balcones y ventanas del palacio municipal, que lucía una fastuosa iluminación”.

Asimismo, manifestó que el himno eucarístico “resultó espléndido en afinación, justeza y matices”. Un gran éxito del maestro Calamita y del profesor Antonio Sosa (pianista), que dirigió los ensayos parciales y de conjunto en el teatro. Miranda agrega que el arquitecto Estanga le confesó que no había visto en su vida algo tan “solemne y grandioso”, mientras que el notable barítono Néstor de la Torre también le expresó que “nunca creyó que en Canarias se hubiera conseguido la organización de una masa coral tan importante y eficaz”.

Pues ese gran acto innovador, transformado en solemne tradición, cumple hoy (06/06/2013) un siglo.

Otra innovación: el ‘Tantum ergo’
Los periódicos La Prensa y La Gaceta de Tenerife publican en sendas reseñas telegráficas que el 29 de mayo de 1913, con motivo de la procesión del Corpus, se reunió en la plaza del Ayuntamiento villero un coro de voces, unas doscientas entre niños y adultos, a iniciativa también de Francisco Miranda, acompañados de la banda municipal, para cantar el Tantum ergo, las últimas dos estrofas del himno eucarístico Pangue Lingua, escrito por Santo Tomás de Aquino, que por lo general es cantado durante la adoración del Santísimo Sacramento. Tomás Calamita y Manteca, maestro vallisoletano afincado en la Villa, lo adaptó para ser cantado en el Corpus de La Orotava. Fue “un evento emotivo y espectacular”, según la prensa de la época.

Fuente: DIARIO DE AVISOS | La Orotava (Eva Fariña)