César Hernández Martínez, Villero de Honor de La Orotava a título póstumo
Fue el promotor de la Romería con la estructura que mantiene hoy en día
El Liceo de Taoro, en colaboración con el ayuntamiento, se hizo cargo a partir de 1936 de la organización incorporando las carretas engalanadas, ganado y agrupaciones folclóricas, con el recorrido actual de San Francisco hasta El Calvario
El Salón de Plenos del Ayuntamiento de La Orotava acogió en la tarde de este miércoles [3 de junio] el acto de concesión del título de Villero de Honor, a título póstumo, a César Hernández Martínez (1908-1999), por su implicación e impulso en la tradicional Romería de La Orotava y que cada año se celebra en honor a los santos patronos: San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza. Con este reconocimiento, el Ayuntamiento de La Orotava rinde homenaje a una figura cuya dedicación y legado han dejado una huella imborrable en la identidad del municipio.
El acto, con numeroso público de familiares y amigos, fue presidido por el alcalde Francisco Linares, César Hernández García, hijo del homenajeado y Juan Francisco Hedrnández Reverón, nieto y quien hizo una semblanza en nombre de la familia.
El 21 de junio de 1936, la Sociedad Liceo de Taoro, presidida por César Hernández, se encargó junto al ayuntamiento de La Orotava de organizar la Romería villera con la estructura moderna que se mantiene hasta hoy en día. La concesión del título se enmarca en la conmemoración del 90º aniversario de esta celebración, aunque el próximo 14 de junio se celebra su 89 edición.
Historia
Aunque los labradores rendían culto a San Isidro desde la canonización en el siglo XVII, fue en 1846 cuando el alcalde Bernardo de Ascanio y Molina introdujo una primera romería formal tras regresar de Madrid donde vio la Romería en honor a San Isidro, y organizó en la Villa una que costeó de su peculio particular, entregándola después al Ayuntamiento para que la continuase en los años sucesivos. A partir de entonces, el cortejo entonces lo formaban algunas parrandas campesinas y detrás la imagen, que Ascanio adquirió en Madrid y donó a la ermita, y posteriormente se agregó a la procesión la talla de Santa María de la Cabeza. Pero a partir del 21 de junio de 1936 la romería cambió de estructura, adaptando un formato más moderno y popular. El Liceo de Taoro, con César Hernández Martínez a la cabeza, tomó las riendas en la organización e incluyó al desfile desde San Francisco hasta el Calvario, carretas engalanadas, ganado, agrupaciones folclóricas, y se sumó mayor número de romeros en la participación. Y con este formato se ha llegado hasta la actualidad, celebrándose todos los años en el mes de junio excepto en el 2020 y 2021, que no se realizó debido a la pandemia mundial.
La romería de La Orotava se ha convertido en una de las más referentes de Canarias. Para participar en ella es obligatorio hacerlo con vestimenta tradicional con el fin de respetar las tradiciones y valores de la cultura canaria. Las fiestas de La Orotava en su conjunto, por su proyección y repercusión exterior, así como por los múltiples valores que posee de carácter histórico, arraigo popular, costumbre y la participación ciudadana, están declaradas de Interés Turístico Nacional.
César Hernández Martínez
César Hernández Martínez (1908-1999) fue una figura clave en la vida social, cultural y humanitaria del municipio villero. Realizó estudios de Medicina en Cádiz y se especializó en Odontología, trasladándose en 1935 de forma definitiva al municipio de La Orotava, donde desarrolló su actividad sanitaria durante décadas, siempre integrándose en la vida local y destacando por su implicación en diversas iniciativas que marcaron el desarrollo de la Villa.
Desde su presidencia en la Sociedad Cultural Liceo de Taoro, impulsó la primera romería estructurada, dotándola de un carácter tradicional y participativo que ha definido su esencia hasta el día de hoy. Asimismo, su compromiso con la comunidad se reflejó en su implicación en labores culturales, sociales y humanitarias.
Su vínculo con la cultura musical fue igualmente destacado. En 1932 fundó, junto a Pedro Melián, la orquesta “Los Kiawels”, agrupación que ofreció numerosos conciertos, participó en los carnavales y colaboró en las fiestas mayores de la Villa. En el marco de la Octava del Corpus Christi, contribuyeron a la tradición de las alfombras de flores elaborando una frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción. En el ámbito social y humanitario, fue presidente fundador en 1938 de la Cruz Roja Española en La Orotava. Su dedicación le valió importantes reconocimientos, entre ellos la Medalla de Plata (1941), la Medalla de Oro (1954), la Medalla de la Constancia (1971) y la distinción conmemorativa del 50 aniversario (1988). Asimismo, en 1951 promovió la Procesión del Silencio en la Villa, contando con la colaboración del párroco Manuel Díaz Llanos Bautista. Esta iniciativa introdujo la salida de la Sagrada Imagen de la Dolorosa en la noche del Viernes Santo, caracterizada por un recorrido iluminado únicamente por velas, lo que aportó una atmósfera de solemnidad y recogimiento. Desde 1953, esta procesión se consolidó como una de las manifestaciones más emotivas de la Semana Santa orotavense.
Ese mismo año, durante una visita a la localidad gallega de Puenteareas, conoció la tradición de las alfombras de flores del Corpus Christi, lo que propició el hermanamiento entre ambos municipios, unidos por la misma tradición y devoción. Entre 1956 y 1962 formó parte del Patronato Municipal de Música, reforzando su implicación en el desarrollo cultural de la Villa. Además, junto a José García Bartlet, promovió la construcción de un edificio de viviendas y sala de espectáculos que albergaría el Cine Orotava, inaugurado en 1957 y convertido durante décadas en punto de encuentro social para varias generaciones. Su trayectoria fue reconocida también por la Sociedad Cultural Liceo de Taoro, que en 1996 le concedió el título de Socio de Honor, entregado en un acto celebrado en febrero de 1997.
César Hernández Martínez falleció el 4 de enero de 1999 a los 90 años de edad, dejando un legado profundamente arraigado en la identidad festiva, cultural y social de La Orotava.