LOS ROSSINI DEL FUTURO

20/03/2019
 UN GRUPO DE 19 ALUMNOS DE CEIP AGUAMANSA DE LA OROTAVA CREA, PRODUCE Y ESTRENA SU PROPIA ÓPERA  Se escuchan voces afinando junto a un sonido misterioso que proviene de un teclado, el murmullo de las maquilladoras retocando a sus “modelos” y el estallido de los focos al prender. “Acción”, grita el director, Omar García, mientras sostiene el cartel de la función en la mano. “A veces no me hacen mucho caso pero mi trabajo es coordinarlos a todos”, asegura con seriedad. La compañía El buen reír, creada por un

UN GRUPO DE 19 ALUMNOS DE CEIP AGUAMANSA DE LA OROTAVA CREA, PRODUCE Y ESTRENA SU PROPIA ÓPERA

Se escuchan voces afinando junto a un sonido misterioso que proviene de un teclado, el murmullo de las maquilladoras retocando a sus “modelos” y el estallido de los focos al prender. “Acción”, grita el director, Omar García, mientras sostiene el cartel de la función en la mano. “A veces no me hacen mucho caso pero mi trabajo es coordinarlos a todos”, asegura con seriedad. La compañía El buen reír, creada por un grupo de 19 alumnos de cuarto de Primaria del CEIP Aguamansa (La Orotava), está en pleno ensayo. Aunque apenas tienen nueve años, estos estudiantes son los Rossini, Verdi, o Puccini del futuro. Así lo han demostrado creando y produciendo su propia ópera. El estreno de la producción será en julio, aunque en este caso subirse al escenario será lo de menos. Ellos ya han demostrado que de talento y creatividad van sobrados.

Esta actividad, que se desarrolla durante todo el curso escolar, forma parte del proyecto LÓVA (La Ópera, un Vehículo de Aprendizaje), una iniciativa a nivel nacional que busca potenciar las habilidades y competencias de los estudiantes lejos de las tablas de multiplicar o el dictado de textos. El CEIP Aguamansa es el primer colegio del Archipiélago en sumarse a la iniciativa y fundar su propia compañía de ópera. Los pequeños lo hacen todo: escriben el libreto, diseñan la escenografía, componen la música, confeccionan el vestuario, realizan la campaña de prensa, recaudan fondos, diseñan y fabrican decorados y crean la iluminación.

Para ello no les puede faltar de nada. En El buen reír hay interpretes, compositores, escenógrafos, escritores, iluminadores, caracterizadores y relaciones públicas. Es más, según explica el tutor del curso, Jonay Aguilar, fueron los propios alumnos lo que solicitaron, a modo de oferta de trabajo, la profesión que querían desempeñar. “Tenían que explicar sus motivaciones y presentar su candidatura”, detalla el docente, quien agrega que, “todo empezó investigando las profesiones que forman parte de una compañía de ópera”.

Desde el nombre hasta el argumento, pasando por el vestuario. El proceso de creación de la compañía empezó totalmente de cero. “A mi me gusta mucho hablar y conocer gente así que soy las relaciones públicas y así estoy en mi salsa”, comenta Marina Aguilar sin soltar su agenda de la mano. “Aquí es donde guardo los contactos” agrega. Aguilar, de nueve años, se ha encargado, por ejemplo, de invitar a los medios de comunicación para que conozcan el proyecto. “También he contactado con el Ayuntamiento para ver si nos pueden ceder un local para los ensayos”, apunta.

En el clase de al lado, Jovanny Hernández toca el teclado mientras su compañero, el otro compositor, toma notas en su libreta. “Estamos buscando los sonidos adecuados para la producción”, señalan. Hernández explica que ya han dado con algunos. “Tenemos el de la aparición en escena del personaje de la madre y uno que suena a tranquilidad para un parte calmada”, explican los niños. Ahora se esfuerzan en encontrar la música que representa al “tío”. “Un personaje divertido y alegre”, comentan.

Las maquilladoras, que se dividen en maquillaje, vestuario y peluquería, siguen probando y testando sus ideas. “La ropa ya la tenemos clara pero ahora nos faltan otros detalles”, señala la niña Lara Hernández mientras se afana en desmaquillar a uno de los maniquíes con los que cuentan para sus pruebas. “No me ha gustado como ha quedado”, aclara. No obstante, Hernández asegura que ella, de mayor, no quiere dedicarse a las brochas y las sombras. “Yo quiero ser maestra o psicóloga”, puntualiza.

También están los iluminadores, que tras la visita de un electricista, han creado sus propios focos, y los escenógrafos que han montado el escenario en miniatura. El objetivo es crecer y construir en un ambiente de confianza, colaboración, esfuerzo y aprendizaje. Así lo sostiene su tutor, quien asegura que lo que más le está sorprendido del desarrollo del proyecto “es la capacidad de remar todos en la misma dirección”. “Se potencia la idea de trabajar en grupo y la habilidad de ceder y no ser siempre el protagonista pero a su vez ser una pieza fundamental para conseguir un objetivo”, detalla el docente.

Fue Aguilar el que llevó a LÓVA hasta La Orotava. “Estaba en un momento profesional en el que me sentía estancado y necesitaba una motivación”, recuerda el maestro. Fue así como descubrió el proyecto, se formó y lo trasladó hasta las faldas del Teide, en Aguamansa. “Tuve la suerte de que a los padres también les pareció buena la idea y nos pusimos en marcha”, añade. Y es que la ópera convive a diario con estos chicos en el centro. “Todas las asignaturas las entrelazamos y relacionamos con la compañía”, destaca Aguilar, quien detalla que, por ejemplo, “aprendemos matemáticas con la medición del escenario”.

Estos días, además, el centro recibe la visita del coordinador nacional de LÓVA, Pedro Sarmiento, quien afirma que el proyecto es una metáfora de la vida. “La ópera es casi lo de menos. Lo importante en aprender a vivir en comunidad mientras cada alumno desarrolla sus propias capacidades”, concluye.

Fuente: Elena Hernández (La Opinión)